¿Niños toreros?

Este domingo el niño torero Michel “Michelito” Lagravere, de doce años, se convirtió en el “novillero” más joven en debutar en la Plaza México, la más importante del país.

“Michelito” torea desde los cuatro años y el año pasado tenía tan sólo once años cuando se convirtió en el más joven en matar a seis novillos en una sola corrida.

Aunque el niño -y todos los presentes- se llevaron un susto por una repentina caída del pequeño torero, su padre, el matador francés Michel Lagravere, se mostró feliz por su actuación y dijo estar muy orgulloso de él.

El año pasado, varias corridas del niño fueron suspendidas por quejas de los grupos de los derechos de los animales.

Y este domingo el espectáculo casi se suspende pues el alcalde de Merida, donde tuvo lugar el evento, señaló que es ilegal que un menor de 18 años participe en un deporte tan peligroso.

Otro caso de niño torero cuyo padre tiene esa profesión es el del boliviano Juan Mauricio Copa, conocido en el pequeño círculo taurómaco de Bolivia como “El Mauri” o “Mauro”, que hace unos meses le dijo a BBC Mundo que el toreo lo “apasiona”.

La presencia de niños en los ruedos es doblemente controvertida. A quienes se oponen a las corridas de toros se les suman los defensores de los derechos de la infancia.

Los defensores de los animales denuncian que la práctica del toreo es cruel y los segundos cuestionan que un niño de doce años arriesgue su vida frente a un toro.

Pero “Michelito” responde desafiante: “Quienes se oponen a las corridas no deberían meter sus narices en cosas que no les gustan”.

Fuente: BBC

Silvia Pinal a favor de las Corridas de Toros

¿Se acuerdan que hace unas semanas publicamos unas declaraciónes de Diego Luna sobre su gusto por las corridas de toros? Si no lo leyeron, por acá les dejo el link:

http://muyanimal.com/2010/04/26/diego-luna-y-su-gusto-por-la-fiesta-brava/

Pues bien, este video muestra a Silvia Pinal saliendo de la Plaza de Toros México con su acompañante, quien al parecer tiene una filosofía bastante cruda y visceral de lo que implican las corridas. Silvia Pinal por otro lado se muestra incómoda sin saber qué decir o hacer o en dónde meterse…

Fundación Televisa cancela campaña

Gente por la Defensa Animal reconoce y felicita a Fundación Televisa por la cancelación de su campaña “Corridas con causa y festivales taurinos”.

Gabriel Altamirano, director de Fundación Televisa se comunicó esta mañana con Gente por la Defensa Animal para informarnos de esta decisión.

El altruismo no puede ser cruel, ¡bien por Televisa!

A propósito de los toros

Carta de viaje
Carlos Tello Díaz

El parlamento catalán ha puesto a debate, desde la primavera, la supresión de las corridas de toros en Cataluña. No sería la primera vez que los toros son prohibidos en España. Los Borbones siempre despreciaron las corridas: Felipe V las vetó a sus cortesanos, Fernando VI apenas las toleró, Carlos III las prohibió en 1771 y Carlos IV las volvió a prohibir en 1805, ambos en tiempos de Pepe Hillo, inmortalizado por Goya. El último intento ocurrió en 1877, sin éxito: eran los años de gloria de Frascuelo y Lagartijo. En España, así, las corridas perduran hasta hoy, “con el permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide”.

El debate sobre la prohibición de las corridas de toros en Barcelona ha generado un debate paralelo, que es el que me interesa destacar: el del trato que dan los hombres a los animales. Muchos defensores de los toros han debido evocar argumentos ecologistas a favor de las corridas: que el toro de lidia se extinguiría si las corridas no existieran, pues es un animal hecho para embestir, o que la vida del toro es privilegiada hasta el momento de entrar al ruedo. Otros han querido acorralar a los detractores de la fiesta brava con argumentos similares a los de Mario Vargas Llosa, quien luego de dar varios ejemplos de “los indescriptibles suplicios a que son sometidos infinidad de animales terrestres, aéreos, fluviales y marítimos para satisfacer las fantasías golosas, indumentarias o frívolas de los seres humanos”, preguntó a una mujer que condenaba la fiesta brava “si ella, consecuente con sus principios, estaría dispuesta a votar a favor de una ley que prohibiera para siempre la caza, la pesca y toda forma de utilización del reino animal que implicara sufrimiento” (en “Torear y otras maldades”, Reforma, 18-04-2010). Vargas Llosa no nos revela la respuesta de esa mujer. Pero ella pudo haber dicho que sí, que estaría dispuesta a votar a favor de esa ley. Y le pudo haber hecho, a su vez, una pregunta muy difícil de responder: ¿Por qué no siente ninguna duda cuando come carne, si sabe que puede vivir sin carne y que el acto de comerla implica el dolor de un animal capaz de sufrir?

Son innumerables los ejemplos de crueldad de los hombres hacia los animales. No los voy a mencionar, por pudor. Pero incluso el hecho cotidiano y banal de comer carne implica una inmensa dosis de sufrimiento, como lo muestra con horror Le sang des bêtes, el documental de 1949 dirigido por Georges Franju que contrasta imágenes pacíficas de la vida de las calles con escenas de un matadero en los suburbios de París. Además de las razones relacionadas con la salud y la ecología, hay razones morales de peso para dejar de ser carnívoros: es deseable evitar o disminuir el sufrimiento de los animales. ¿Por qué, entonces, no tenemos dudas, remordimientos al comer carne, tanta carne? Porque, aunque sabemos que está mal, nos acogemos a una norma social que lo tolera, algo similar a lo que sucedía en el pasado con infinidad de personas que, sin ser malas, tenían esclavos.

El movimiento que lucha por los derechos de los animales es un movimiento en favor de la justicia, como lo fue en su momento el que luchaba por la abolición de la esclavitud. La mayoría de la gente entiende hoy que cualquier prejuicio basado en raza, género, religión o nacionalidad —cualquier prejuicio contra otro ser humano— está mal. Pero el prejuicio basado en la especie —la idea de que los animales humanos pueden hacer lo que quieran con los animales no humanos— es todavía hoy ampliamente aceptado como norma de conducta social. Lo dijo muy bien el doctor Albert Schweitzer, músico, médico y premio Nobel de la Paz: “La compasión, donde tiene su raíz la ética, no asume su verdadera proporción hasta que incluye no sólo al hombre sino a todos los seres vivos”.

Desde http://impreso.milenio.com/node/8763102

Diego Luna y su gusto por la fiesta brava

Abril 26, 2010 by Patricia  
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La noticia no es nueva, sin embargo jamás lo habíamos tocado aquí en MuyAnimal.Com

Es curioso como algunos de los artistas más conocidos y “respetados” tienen gustos demasiado extraños, como es el caso de Diego Luna, quien asegura que la fiesta brava “le apasiona, pues en ella, va de por medio la vida de un hombre”. ¿Perdón?




Sinceramente nosotros, aquí en MuyAnimal.Com no hablamos ni escribimos por escribir. En alguna ocasión, el dueño de Blogslab.com y yo, fuimos a un fiesta brava en Puebla, y he de decir que ha sido lo más espantoso que he visto en mi vida. No tenía absoluta idea de lo que era, sin embargo, por cuestiones de trabajo con MuyAnimal.Com tuvimos que asistir para saber cómo era el ambiente en una fiesta tan cruel como lo es la matanza de toros a diestra y siniestra; sin el menor dejo de dolor.


Declaraciones como las que les pondré abajo por parte de Diego Luna, a mi parecer le restan todo tipo de respeto de mi parte a este actor que en lo personal no me gusta, pero que sin embargo acepto que trabaja duro y que ha sabido darse a conocer:

“Me gusta ver a un tipo jugándose la vida, y toda la tradición que hay detrás; me gusta la sensación de esta plaza (la México) cuando está llena, porque cuando hay un buen toro y una buena faena, esa sensación no se siente en el fútbol, no se siente en ningún otro lado, es una energía muy cabrona, porque todo el mundo está viendo a un tipo jugarse la vida y está con él y eso es muy emocionante”.



“Además, la vida de los toreros debe ser una vida muy canija, pero también fascinante. Imagínate jugarte la vida todos los domingos, ¡qué intensidad!”

“Esas tardes (las grandes) no se olvidan, si te toca que corten un rabo, esa sensación se te queda para siempre en tu vida e imaginarme lo que hacen allá abajo los toreros, es realmente admirable



¿Impresionante no? Lo único que me resta escribir es: qué vergüenza.

Con información de: El Siglo de Torreón