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Zapatero y Sarkozy acusados de crueldad por permitir los toros


La llamada Corte Internacional de Justicia para los Derechos de los Animales celebró el pasado 26 de junio en Ginebra (Suiza) un juicio simbólico contra las corridas de toros en el que se sientan en el banquillo los presidentes de España, José Luis Rodríguez Zapatero, y Francia, Nicolas Sarkozy, además del ex presidente portugués Jorge Sampaio y el presidente de la Comisión Europea, el también luso José Manuel Durão Barroso.

Todos ellos se enfrentan a los cargos de promover la tortura como entretenimiento público y de incitar a la juventud a cometer actos de crueldad contra los animales. Según la acusación, la tauromaquia es una tradición española que actualmente vive una “renovación artificial” y que ciertos “grupos de interés pretenden convertir en una tradición cultural europea”.

En este proceso también se busca condenar a la Federación Nacional de Escuelas de Tauromaquia, la Unión de Criadores de Toros de Lidia, la Unión Internacional de Organizadores y Promotores de Espectáculos Taurinos, y la Unión Profesional de Matadores de Toros, todas ellas organizaciones españolas. Los demandantes sostienen que la tauromaquia “recibe 500 millones de euros en subvenciones anuales por parte de entidades nacionales y europeas”.

La entidad a cargo de la acusación contra el presidente Zapatero, la Fundación Altarriba, ha defendido que la tauromaquia cuenta con escaso apoyo por parte de la sociedad española y ha exigido a los dirigentes políticos “una regulación seria que prohíba el maltrato de animales”.

La representante de Altarriba, Matilde Figueroa, ha señalado que las corridas de toros son vistas en España “de manera equivocada como un símbolo de la nación, de cultura y de arte”, y es un asunto frente al cual “los políticos cierran filas”. Citando unas encuestas realizadas en 2006, Figueroa ha dicho que “sólo el 4,6% de los españoles es aficionado activo a las corridas de toros, frente al 90,2% que no lo es, o no lo es lo bastante para ir a una plaza ni siquiera una vez al año”.

La Corte Internacional de Justicia para los Derechos de los Animales es el principal órgano de las Naciones Unidas para los Animales, organización creada en 1979 en Suiza por el ecologista Franz Weber para la defensa de los animales. El tribunal celebra audiencias públicas desde 1979 para dar visibilidad a situaciones que, desde su punto de vista, constituyen graves agresiones al mundo animal y para establecer sanciones morales contra los responsables.

Entre sus últimos juicios figuran uno contra la matanza de focas bebé en Canadá (2006) y otro también contra las corridas de toros, que se celebró en Bruselas en 2003.

Fuente: EFE

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Para reflexionar

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Aburrido ya de las gracias de mi perro, Boby un pastor de 3 años, decidí jugar con el de una manera diferente, lo deje con hambre, y con mucha sed por un día entero, luego quise saber que le pasaba, si en vez de agua le ponía en su bebedero leche de magnesio, el estúpido se lo tomo todito, me miraba esperando que le de algo de comer, pero opte por encerrarlo para que no me fastidie, lo puse en la oscura bodega de herramientas y te juro que si no es porque en la noche escuche un aullido, no hubiese recordado que el pobre estaba metido ahí, como ya era muy tarde lo deje que se durmiera. Ya en la mañana lo voy a buscar, y
había diarrea por todos lados me imagino que hizo efecto el magnesio y la verdad, se notaba muy débil y algo alterado por la luz que le daba directo en los ojos, pero yo me levante con mas ganas de fastidiarlo, así que le halé el rabo, le hinqué los testículos lo punzaba con un tenedor, realmente me pareció divertido, algo en él y en mi había cambiado, ya no era más mi mascota, se estaba defendiendo, y me comenzó atacar, sentí susto pero sabia que estaba débil por la diarrea y las heridas del tenedor, un poco más y me desgarra una pierna, agarré un fierro y lo puncé, al desgraciado no le importó y no huyó, siguió intentando herirme, como si la venganza lo motivara, pero al fin de al cabo es un animal, y yo podía adivinar cada movimiento que el hacía.

No me percaté de las heridas de Boby, ya que su pelo negro tapaba de alguna manera el rojo de su sangre, no fue hasta que salió un chorro de sangre por su boca. El estaba agotado, su lengua lo delataba, no la podía esconder, me dio lastima el infeliz, pero que le podía hacer, ya estaba muy herido, y aun así quería atacar, no tuve mas remedio que parar su sufrimiento, lo atravesé con el fierro, y ahí quedó lo que era Boby.

Antes de que pienses que soy un mal nacido, cambiemos a Boby por un toro, entonces que sería…. Un maestro? Un artista?. Un ser vivo es un ser vivo, sea un perro o sea un toro, siente, y sufre, no nos dejemos engañar por quienes promocionan los eventos taurinos, no juguemos con el dolor ajeno, y digamos NO a la tauromaquia.

Difunde esta idea, promociona un mundo sin violencia, ayudemos a los que no tienen voz…

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Las Corridas de toros

No me gustan los toros, las corridas. Siempre sufre y muere el único ser vivo hermoso, inteligente y noble que hay en la plaza.

El toreo sobrevive como una de las prácticas más crueles que hayan creado los hombres para divertirse.

Correr toros para entretenerse, torturarlos, matarlos, sólo puede ser alimento de espíritus paupérrimos, devastados. Es más fácil explicar el porqué de una guerra que la presencia de público en las gradas de la plaza celebrando el dolor y el asesinato.

Es un crimen con todas las agravantes para quienes sostenemos que el animal no humano es sólo otra especie hija de la naturaleza, y que el animal humano ni es superior ni tiene derechos morales defendibles para arrancarle la vida sólo porque puede hacerlo. De hecho no puede hacerlo desde el comportamiento de un ser civilizado, porque el ser civilizado se conduce como se lo dictan su educación y deberes para con los demás y para con el universo que lo contiene, y no usa la potencialidad ‘poder’ como sinónimo de aptitud para la barbarie. Puedo matar un niño. No lo hago por formación, no porque me amenacen con la cárcel.

Nada ha cambiado para esta humanidad bárbara que hace veinte siglos asistía al circo romano y hoy va a las corridas de toros. Cuando el hombre es silvestre se divierte con inmoralidades y las justifica: ‘la raza de lidia es criada para la muerte en la plaza’, o ‘no sobreviviría la raza si no fuera por las corridas’. ¡Pues que se extinga! ¡Qué carambas le importa al toro torturado asegurarse de tener hijos, nietos o compadres!

Nadie lo ha dicho mejor que la médica y bióloga española Nuria Querol: ‘Los antiespecistas consideramos que no es aceptable la discriminación arbitraria de otros animales por el mero hecho de pertenecer a una especie distinta a la nuestra ya que la relevancia moral no viene determinada por la inteligencia, sexo, raza, religión, edad, la habilidad para hacer macramé o cocinar magdalenas sino por la capacidad para experimentar placer y dolor.’

Los toreros gozan de la impunidad que les da la descomposición de sociedades en permanente agonía, conducidas por ígnaros o sicópatas, y no me digan que exagero, o múestrenme en la geografía del poder dónde hay un estadista, que no encuentro ninguno.

Las reuniones taurinas son alegría para unos pocos insensibles al dolor animal y son angustiado sufrimiento para muchos seres piadosos y pensantes que quedan en el mundo. Lástima que los más, los mejores, los incruentos, deban asistir impotentes al cataclismo de vesania, de barbarie, de estulticia.

Cada quien se divierte como puede, en consonancia con su grado de formación y sus estados de conciencia. El Mochaorejas nunca estuvo en Bellas Artes. Imagínese lo que separa a alguien que goza con María Callas cantando Fidelio de otro que se regodea con la masacre de un ser sintiente en la plaza umbría.

En España, en México, en Francia, en Perú, al crimen algunos le llaman tradición, a pesar de estar documentado que el 80, 85 % de la población de los propios países taurinos rechaza la torpe fiesta. Las autoridades son siempre sordas y mudas. ¿Qué otra cosa que el negocio infame que hay detrás podría explicarlo?

Hace poco tiempo la ciudad de Granollers, cercana a Barcelona, se declaró ‘amiga de los animales’ y prohibió las corridas de toros, tras lo cual el alcalde del lugar, Josep Mayoral, recibió un alud de críticas por el anuncio. ¿De quiénes podían provenir tales críticas? ¿De seres humanos elevados, sensibles, educados, capaces de rechazar el dolor y la barbarie, de respetar todas las formas de vida y de condolerse con los seres más débiles? Seguramente no.

A los que defendemos a los animales nos llaman locos, porque a quién diablos le puede importar el sufrimiento de un toro. A mí al revés, me es incomprensible la microscópica pequeñez de las mentes de esos forajidos que persiguen a un animal indefenso, provocando en los observadores más que asombro por su ignorancia, miedo, por recordarnos de lo que son capaces.

Cientos de especies desaparecen cada día de la faz de la tierra, y a los que respetamos a los animales y a la naturaleza nos llaman locos. ¡Locos ellos!, ¡locos los crueles!, ¡locos los depredadores!. El derecho que les asiste es ninguno. Son enemigos de la convivencia. La tolerancia que reclaman es la que podría desear un violador para someter a sus víctimas sin ser perseguido. Son fatuos, desalmados, sanguinarios.

Y los que llevan a sus hijos de siete, de ocho años, a ver desangrarse un toro hasta morir, rodeado de la burlona carcajada cínica de la masa acéfala… ¿tendrán cara para esperar mañana que sean hombres morigerados, de buenos sentimientos, buenos hijos, solidarios, comedidos?

La mucha o poca esperanza de redención para el mundo reside en los buenos hombres, los de corazones cultivados y magnánimos. Los que cambian siempre la muerte por la vida, la destrucción por la creación, los que participan de la humanidad sin servirse de ella.

Es necesario no sentir el dolor ajeno como ajeno. Hay que sentir el dolor ajeno como propio, como fórmula para vivir en un mundo mejor. ¿Es tan difícil de entender? Eticamente son aceptables todas las actividades humanas que no dañan a un tercero, aunque sea un animal.

No hay palabra más triste que la palabra torero.

Por: Eduardo Lamazón

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Y ahora en México… inician clonación de toro


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El cultivo de células para clonar al toro mexicano Zalamero concluyó e inició el proceso para la fecundación en laboratorio de óvulos de vacas, informó el propietario del animal, el primero objeto de un proceso de clonación en América Latina.

“Concluyó con éxito el proceso de cultivo celular de cuatro muestras de biopsia del toro Zalamero. Ahora se va a implantar el núcleo de estas células en óvulos de vacas, a las que se les retirará el núcleo y sólo quede la carga genética de Zalamero”, dijo el criador de toros de lidia José Manuel Fernández.

El siguiente paso, que tomará alrededor de un mes, añadió el ganadero, es “producir en laboratorio una estimulación químico eléctrica para que con los 60 cromosomas (de los cultivos celulares del toro) se genere un embrión que será implantado en las vacas”.

La clonación del bovino es realizada en Canadá por el mismo laboratorio que en 1996 clonó a la oveja Dolly, el primer animal del mundo en ser sometido a este polémico proceso de reproducción y que fue sacrificado en febrero de 2003.

Una vez que se cuente con los embriones, indicó Fernández, serán llevados a México e implantados en un grupo de vacas a fin de que en un plazo de nueve meses, tiempo de gestación de los toros, se cuente con cuatro ejemplares genéticamente idénticos a Zalamero.

Este toro, que tiene actualmente 14 años y que se encuentra en un rancho del estado de Puebla, tiene la particularidad de ser uno de los 23 que han sido indultados de los más de 10 mil que se han lidiado en la Plaza de Toros de México, que junto con Las Ventas, en Madrid, son las más importantes del mundo.

En Estados Unidos ya se han clonado caballos de barriles y toros de monta, clásicos del rodeo estadounidense.

Fuente: AFP

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El Comercio de la Muerte


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El diario más viejo del Perú –el más viejo del mundo probablemente, el metafóricamente antiquísimo El Comercio ama la muerte de las bestias. Por eso es que tiene una página “taurófila” malescrita pero tenaz y por eso es que el viernes pasado nos lanzó a la cara las más repugnantes fotos que este escribidor y amante de los animales haya visto jamás: una res, amarrada al poste que la aproxima a la muerte, mira a la cámara pidiendo auxilio desde sus ojos exaltados; otra res, ya masacrada, yace junto a un charco de sangre y sanguaza mientras un camalero la empieza a jalar del rabo, sabiendo que se deslizará fácilmente en esos propios líquidos acabados de derramar.

Esta última foto ocupa la mitad de una página de este papelote que nada, sino regocijo, siente por la muerte de las bestias. Claro, un diario que dice que el espectáculo de Acho es pariente consanguíneo del arte no podía privarse de exhibir las fotos del camal de Chincha en plena actividad y en plena muerte. Sólo que esta vez se pasó de la raya. He hablado con algunas personas que comparten mi hermandad con los animales y me han dicho lo que yo pensé desde que vi esas fotos: El Comercio no tiene derecho de exhibir su tanatolatría como si fuera una virtud, siendo, como es, una de sus vergüenzas.

Y publica esas fotos atroces con un titular que le debe resultar familiar: “Alerta para matarifes”. Lo que no sabe es que ha alertado a muchos de sus lectores respecto del carácter malsano de algunos de sus editores, entre ellos el señor que escribe los “editoriales” de primera página, el señorón de tonterías tan sistemáticas y huachafadas tan redondas que, para usar el lenguaje de la tradición, podría ser tomado como el Belmonte de los Forrest Gump (de todo el mundo mundial, como diría el entrañable personaje del cine).

El Comercio nunca deja de sorprender con sus majaderías. El lunes 30 de julio del 2007, en la página once (tenía que ser) de ese cuadernillo que titula “Luces” y que alumbra la cultura peruana con su foco ahorrador de 25 vatios, se permitió publicar un artículo titulado “Un mecanismo anula el dolor al toro bravo en la lidia”.

Ya el título era idiota y hubiese bastado con él, pero un señor de nombre Bartolomé Puigróss, editor de esa sección, se lanzó a recoger la tesis de un madrileño que debe ser plumífero a sueldo de los matarifes con culito (o sea los toreros), y que ha llegado a la conclusión de que las betaendorfinas (hormonas del placer) liberadas en la lidia neutralizan el dolor del toro. Es más, el plumífero en cuestión señala que los toros que no son arponeados por las banderillas ni desgarrados por la pica ni finalmente asesinados por un analfabeto vestido (o sea el torero otra vez), es decir los toros bien tratados como en Portugal, ésos sufren más que los banderillados y los matados lentamente en las plazas de la barbarie.

Un encanto de teoría, en resumen. Una tesis “científica” escrita por alguien que acaba de sufrir un severo accidente cerebrovascular. Ya quisiera tener al citado plumífero madrileño, presentado en El Comercio como si de Gregorio Marañón se tratara, a mi alcance para ponerlo bajo el mandato interrogador de don Martín Rivas. Estoy convencido de que sus betaendorfinas se multiplicarían como células cancerosas al ver al maestro Rivas, en traje de luces, preparar sus alicates, afilar el bisturí, enchufar el cuchillo Moulinex y hacerle recordar las mejores imágenes de “Maratón de la muerte”, cuando a Dustin Hoffman un nazi le perfora un diente sano. ¡Cómo gozaría! ¡De qué modo neutralizaría todo asomo de sufrimiento gracias al chorreo de betaendorfinas! ¡Exijo verlo en tan dulce trance!

Pero, claro, así es El Comercio: un diario que ama el cuplé, baila con el pasodoble, homenajea implícitamente a diario a su fundador chileno, dice que los toreros son tan artistas como El Greco –aunque su director crea que el Greco se casó con Jacqueline Kennedy– y sólo es moderno cuando los chicos de Somos hacen su trabajo o cuando Falabella se pone gótica y nos avienta a sus modelos con ropa y todo.

Lo que El Comercio toca lo envejece. He visto a columnistas briosos adquirir un aire ceniciento a poco de instalarse en sus dominios. He visto a articulistas llenos de promesas perecer ahogados en la sopa de sobre de ese estilo que debe haber inventado Foncho Miró Quesada: consomé de nada, insipidez a ocho columnas. He visto a cronistas talentosísimos huir de la guadaña igualadora con la que los jefes de ese diario decapitan las anomalías del ingenio. Ese diario es como una wikipedia pero con ábacos: cree en el punto de vista neutral (de hecho fue neutral frente al fascismo de los años 30) y se niega a amanecer en el siglo XXI. Por eso ama las páginas de sociales, que recuerdan a “Variedades” de los años 30 del siglo pasado, y por eso se permite hacer, cada semana, la apología de esa matanza a la que acuden, por lo general, las que huelen a Chanel y los que se esfuerzan de madridismo bamba ensalivando un “Cohiba”.

Por eso “El Comercio” parece todavía, a pesar de ser el mejor diario del país (cómo será la crisis de la prensa peruana), el mausoleo que tanto odió don Manuel González Prada.

EL COMERCIO DE LA MUERTE
por Cesar Hildebrandt
Publicado en el Diario La Primera
27/08/2007

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Firma para el Cierre de la Plaza de Toros Mexico


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Si estás en contra de las corridas de toros participa:

http://www.thepetitionsite.com/takeaction/442873689

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Prohibido en Francia un spot contra las corridas

Queremos compartir con ustedes este artículo publicado por el periódico español El País. Se trata de un hecho bastante curioso ocurrido en Francia donde la Comisión de Control de la Publicidad no autorizaró la difusión de un spot contra las corridas de toros.

El spot original producido para la SPA -Sociedad Protectora de Animales- (audio en francés). El mensaje en audio traducido al castellano es este:

Hoy, a inicios del tercer milenio esto es lo que algunos hombres gozan la ver: la tortura y la muerte. Ya no podemos aceptarlo. Juntos tenemos que hacer que esto pare.

Únanse a la lucha por la civilización.


El artículo de El País es el siguiente:

Renaud está encolerizado“. La prensa francesa recoge así el estado de ánimo del veterano cantautor, muy afamado en el país vecino. Renaud, que ha prestado su voz a una campaña de la Sociedad Protectora de Animales (SPA) en colaboración con el Comité Radicalmente Anticorrida (CRAC), se ha mostrado muy enfurecido contra la Comisión de Control de la Publicidad (BVP, por sus siglas en francés). El órgano regulador ha prohibido la difusión del último spot de la campaña contra las corridas, rechazado hasta en tres ocasiones, para “no herir la sensibilidad de los jóvenes“.

Este argumento ha sacado de sus casillas a Renaud, veterano militante contra las corridas. “Ignoraba que se practicaba una censura tan escandalosa, con todo lo que se ve en televisión, parece que nos toman por verdaderos imbéciles.

Para proteger a la juventud, en su opinión habría que empezar por prohibirles la entrada a las plazas de toros. “¿De quién se ríen? “, se ha preguntado el artista, que ha puesto “muy en cuestión” la independencia del organismo regulador.

La comisión esgrime que el vídeo de la campaña contiene imágenes “demasiado violentas” y la narración emplea términos excesivamente duros, como “barbarie”, para definir el espectáculo taurino. El spot encadena una selección de imágenes de corridas de toros, que muestran a animales atravesados por banderillas, capoteados o a punto de recibir la puntilla.

“Sólo queríamos denunciar el sufrimiento de un animal, la persistencia de esta tradición intolerable en un pais moderno y que es necesario anteponer la bondad del animal a las tradiciones arcaicas”, ha explicado Reanud, erigido en portavoz de las asociaciones protectoras.

En dos semanas, el semanario de izquierdas Marianne publicará, a doble página, un manifiesto de denuncia y por la libertad de expresión, firmado por 160 personalidades de la esfera pública, ha explicado a ELPAIS.com Katherine Bourliascos, vicepresidenta del Comité Anticorrida.

En el otro extremo de la polémica, la comisión niega haber prohibido el spot. «Sólo hemos hecho recomendaciones, ya que ellos mismos nos pidieron consejo, y hasta ahora no hay nada definido», ha precisado Joseph Besnainou, su director general.

Besnainou, no obstante, ha entrado a valorar el video que por un lado considera que sólo viene a llamar la atención, pero que por otro puede resultar muy perjudicial para el «sector económico entorno a las corridas».

De todos modos, la comisión ha recordado que las televisiones no están obligadas a seguir sus recomendaciones, aunque la valoración que emita sea negativa.

Con información de Maricarmen García Domínguez - Gente por la Defensa Animal -

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Quien busca, encuentra


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Hace unas dos semanas vi con asombro, al igual que algunos allegados, la cobertura que le dieron al joven mexicano que fue corneado el 12 de julio por un toro en el encierro de Pamplona. Medios impresos, televisión, radio, internet, casi todos hablaron del accidente del joven originario del D.F., quien fue hospitalizado al recibir dos cornadas, una en el abdomen y otra en el muslo.


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Tantas cosas horribles que pasan alrededor del mundo para que en unos cuatro días esta noticia haya formado parte de los titulares de los medios de comunicación, qué decepción…

En mi opinión, pues… ¡buen escarmiento! ¿no creen?


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¿Qué espera la gente que suceda cuando corren adelante de un enorme animal nervioso, de más de 500 kilos?

Aún sigo sin entender por qué se permite ese tipo de “fiestas”, si así se les puede llamar, pues lo que se supone que es divertido está lleno de estrés, tanto para los toros, como para quienes asisten a ellas.


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Espero que este muchacho, de nombre Rafael, haya aprendido la lección y piense dos veces antes de volverlo a hacer.

La verdad, yo no sé qué hacen con esos toros después, pero seguramente no los llevan a un spa. Ojalá algún día se logre abolir la fiesta brava, los encierros y todas las actividades relacionadas a la diversión a costa del sufrimiento animal.

Fotos: AFP

Con información de Marjorie Daphnis - Voluntaria de GEPDA

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Asunto TORO

Por Eduardo Lamazón

La masacre cotidiana de los animales en México es una catástrofe. Acaba de pasar Tlacotalpan y viene el “paseo del buey”, en Querétaro. La estampida y vuelo del toro Pajarito sobre la gente en la plaza de la capital, hizo reflexionar a algunos irreflexivos que “pudo ser una tragedia”, ignorando que para el toro es siempre una tragedia.

Es que la vida del toro vale menos, según ellos.

Las corridas de toros y las fiestas de sangre en nombre del folklore o de la virgen de turno pueden ser legales o toleradas en tanto la falta de conciencia prive en las comunidades, pero su realización no es moralmente justificable.

El antropocentrismo (el poner al hombre como el centro de la vida y del mundo) no tiene fundamento filosófico porque es éticamente reprobable. No es patrimonio de la inteligencia arrasar a otra especie sólo porque somos más inteligentes. Inteligencia para destruir no es inteligencia. No es inteligente el que no asume su compromiso moral frente a los demás y a la naturaleza.

Desde siempre, el hombre se ha valido de su proclamada superioridad para abusar de los animales, para comer, para vestirse, para divertirse… Sostiene que el animal es inferior, y que su único destino es la muerte, pero para la naturaleza es igual la muerte de una lagartija que el deceso de un presidente.

Tlacotalpan ha sido celebrada por la Unesco cuando la nombró patrimonio cultural de la humanidad. Su gente o sus visitantes no hacen honor a ese privilegio cuando borrachos de alcohol y de olor a sangre persiguen, hieren, torturan y humillan a los toros hasta la muerte, para enloquecer de felicidad… Una felicidad barata como más barata no hay, porque hay que tener el cerebro en estado de putrefacción para divertirse suicidándose de estulticia.

Antonio Porchia escribió hace muchos años que “Cien hombres juntos son la centésima parte de un hombre”. Y allá en sus oficinas, las siempre incomprensibles autoridades que, una vez más, rechazaron prohibir la barbarie. Que baile y que se emborrache el pueblo ignorante, estúpido, olvidado. No es difìcil imaginar los propósitos ocultos detrás de estas posturas de gobernadores, alcaldes, legisladores.

La fiesta seguirá, y con ella el dolor animal. Los argumentos con que se defienden los taurinos serían graciosos si no causaran tanto daño a seres vivos, magnìficos, que sienten y que sufren. Dice un señor taurino que si no fuera por su pasatiempo la raza se acabaría, como si pudieramos creer que todo lo hace por preservar una raza, él, que la mata. Dice otro señor taurino que el toro se cría y vive de maravillas para sufrir en su final sólo unos minutos. ¡Bravo! Ya encontró un argumento con el que podría criar niños para matarlos en la “Plaza de Niños México”. Y dice un tercero que su fiesta le da trabajo a mucha gente. Sí, como el narcotráfico y la guerra.

En cuanto a la valentía del torero, podría ponerse delante de una locomotora para que la desquite bien.

Las pasiones, ya se sabe, suelen estar enfrentadas con el razonamiento. Curioso mundo el que nos ha tocado vivir, a casi todas las horas del día. El hombre mata en nombre del arte y de cualquier cosa. Suprimir una vida con el único respaldo intelectual del derecho que da poder hacerlo, sin que nada lo impida, ni la ley, ni el vecino, es de una miseria humana inconmensurable, aterradora.

ESTAMOS PIDIENDO A LAS AUTORIDADES LA PROHIBICIÓN DE LAS CORRIDAS DE TOROS. ENTRA A:
http://www.petitiononline.com/55400000/petition.html

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