Archivos para Relatos

Para reflexionar

pepetoro.jpg

Aburrido ya de las gracias de mi perro, Boby un pastor de 3 años, decidí jugar con el de una manera diferente, lo deje con hambre, y con mucha sed por un día entero, luego quise saber que le pasaba, si en vez de agua le ponía en su bebedero leche de magnesio, el estúpido se lo tomo todito, me miraba esperando que le de algo de comer, pero opte por encerrarlo para que no me fastidie, lo puse en la oscura bodega de herramientas y te juro que si no es porque en la noche escuche un aullido, no hubiese recordado que el pobre estaba metido ahí, como ya era muy tarde lo deje que se durmiera. Ya en la mañana lo voy a buscar, y
había diarrea por todos lados me imagino que hizo efecto el magnesio y la verdad, se notaba muy débil y algo alterado por la luz que le daba directo en los ojos, pero yo me levante con mas ganas de fastidiarlo, así que le halé el rabo, le hinqué los testículos lo punzaba con un tenedor, realmente me pareció divertido, algo en él y en mi había cambiado, ya no era más mi mascota, se estaba defendiendo, y me comenzó atacar, sentí susto pero sabia que estaba débil por la diarrea y las heridas del tenedor, un poco más y me desgarra una pierna, agarré un fierro y lo puncé, al desgraciado no le importó y no huyó, siguió intentando herirme, como si la venganza lo motivara, pero al fin de al cabo es un animal, y yo podía adivinar cada movimiento que el hacía.

No me percaté de las heridas de Boby, ya que su pelo negro tapaba de alguna manera el rojo de su sangre, no fue hasta que salió un chorro de sangre por su boca. El estaba agotado, su lengua lo delataba, no la podía esconder, me dio lastima el infeliz, pero que le podía hacer, ya estaba muy herido, y aun así quería atacar, no tuve mas remedio que parar su sufrimiento, lo atravesé con el fierro, y ahí quedó lo que era Boby.

Antes de que pienses que soy un mal nacido, cambiemos a Boby por un toro, entonces que sería…. Un maestro? Un artista?. Un ser vivo es un ser vivo, sea un perro o sea un toro, siente, y sufre, no nos dejemos engañar por quienes promocionan los eventos taurinos, no juguemos con el dolor ajeno, y digamos NO a la tauromaquia.

Difunde esta idea, promociona un mundo sin violencia, ayudemos a los que no tienen voz…

Comentarios (9)

Una visita al Jardín del Corregidor

Seguramente, algunos de ustedes han escuchado o leído todo lo que ha sucedido en el Jardín del Corregidor, restaurante bar ubicado en la colonia San Miguel Chapultepec.

14.jpg

Muchos medios de comunicación hablaron del tema, lo llegamos a ver en TV Azteca, en el periódico Reforma y muchos otros más. Sin embargo les proporcionamos un par de links en donde pueden informarse un poquito más de lo que está sucediendo, actualmente, en este lugar:

- Denunciará PVEM ante la Profepa a dueño de restaurante por tener animales silvestres en cautiverio
- El Restaurante Jardín del Corregidor sigue sin querer liberar a los animales

Bien, pues una vez que han podido leer sobre lo delicado de la situación con estos animalitos silvestres, decidimos hacer una visita al Jardín del Corregidor.

El lugar en sí, es un restaurante bar con un dos escenarios, una parte en donde la gente puede escoger, si decide comer fuera o dentro. Entramos e inmediatamente al voltear hacia el jardín, lo primero que vimos fue una escena bastante cruel y no podemos describirla más que con esta foto:

24.jpg

33.jpg

Así es, se trata de una leona de aproximadamente 9 años de edad. Una leonsita que a duras penas cabe en esta jaula que ven. Una leonsita dormida, asoléandose en una jaula demasiado pequeña para un animal de su especie. Inmediatamente pensamos, ¿y el león? En la foto, pueden observar que TODA la jaula es esta, e ingenuamente, pensamos que había otra jaula con el león. La verdad es que no lo vimos desde que llegamos, fue por eso que pensé que el león estaba en otra lugar… en otra parte.

4.jpg

Mientras todo esto sucedía, observamos a estas guacamayas, mismas que se caen todo el tiempo, pues tienen mucho movimiento. No recuerdo cuántas guacamayas tienen, pero son bastantes… muchas diría yo para un lugar también muy reducido, muy chico. Pudimos observar que están como “custodiadas” por un empleado del lugar, el cual las levanta con un palo cuando se caen del bebedero en donde se encuentran todas.

5.jpg

Es decir, si una se cae al piso (claro porque no vuelan, no sé si les corten las alas para que no lo hagan), pero por lo mismo, las guacamayas se mueven y, como no planean ni vuelan, se caen al piso, entonces es cuando el empleado les pone un palo al lado, ellas se suben y el empleado las pone de nuevo en esta base en donde están…

De pronto, me levanté y decidí rodear la jaula, fue cuando me encontré con este león, triste, visiblemente flaco, muy muy flaco, característica que NO es propia de un león. Más me asombró cuando me dí cuenta que estaba en la misma jaula que la leonsita, únicamente que él estaba del otro extremo, callado, acostado.. como pensando.

7.jpg

8.jpg

No sé, de verdad que no sé por qué un lugar como este puede tener tantos animales silvestres en un espacio demasiado pequeño. Sinceramente, este post no está encaminado para molestar o para difamar, o para hacerle eco a una lucha que para muchos no tiene sentido. CLARO QUE LO TIENE!

Como clientes que fuimos, es demasiado desagradable ver una situación así. En lo personal, sin dejarme llevar por la pasión de la defensa de los animales que tengo, y seguiré teniendo toda la vida, es muy pero muy desagradable ver a dos leones encerrados y exhibidos en una jaula de 13mts por 5mts de ancho y de alto tendría apenas 2 mts.

9.jpg

111.jpg

Lo más triste es que sí hay clientes que todo esto lo ven como un método de enseñanza de vida animal a sus pequeños hijos. Nos tocó ver a dos pequeñitos, no tendrían ni 5 años. Sus padres les decían “mira al león”, “escucha como ruge”, y, que ciertamente los bramidos del león (que pudimos escuchar de pronto), fueron con mucho lamento, no era los bramidos propios de un león normal.

Recuerdo que cuando lo escuchamos bramar, se levantó, estuvo así unos dos minutos, y se volvió a acostar.

121.jpg

131.jpg

Es muy triste ver fotografías como esta, en donde pueden notar que la leonsita si quisiera pararse, apenas cabría. No es normal, definitivamente no lo es.

Esto señores, no tiene nada de entrenido, no es atractivo, ni siquiera es agradable para comer viendo una escena como esta. Esto es simplemente un llamado a lo que no se debe hacer. No podemos tener animalitos así que no pertenecen a la vida de ciudad, que no pertenecen a una jaula, que no pertenecen ni deben saciar las ambiciones humanas sin detenerse a pensar que ellos son los que más sufren.

Desgraciadamente, no existe una cultura por el cuidado de estas especies. Lo pudimos ver en los clientes, con sus hijos. Al final es y seguriá siendo así. Ya vimos la terrible historia del señor que falleció lamentablemente hace poco en una carnicería.

141.jpg

Lo interesante de esto es que sí podemos tomarlo como un ejemplo gravísimo de violación hacia los derechos de los animales. Podemos hacer mucho. Podemos movernos y exigir que esto no suceda más. Podemos educar a nuestros hijos, amigos, familiares y conocidos sobre la terrible situación de los animalitos aquí en México.

En cuanto a lo del restaurante el Jardín del Corregidor, las autoridades competentes tienen que hacer su trabajo. Los animales tienen derechos y como tales, se deben de respetar.

Nosotros desde MuyAnimal.Com, somos eco y voz ante una sociedad que de pronto no conoce nada sobre el tema o que desgraciadamente no pudieron informarse a tiempo. Para eso estamos los blogs, para informar, para dar a conocer los hechos con una investigación propia del medio y de los que trabajamos en esto.

Por último queremos dejar en claro que este post no intenta engendrar odio contra las personas del restaurante el Jardín del Corregidor, no, para nada. De hecho podemos hacer incapié que si queremos hacer algo, debe de ser de manera pacífica, porque los humanos sí tenemos esa capacidad de raciocinio, y, creemos que todos nosotros, podemos cambiar y mejorar para bien, definitivamente.

Las cosas no se resuelven de manera violenta. Situaciones así no se pueden resolver por esa vía, ni hoy ni nunca, jamás.

Comentarios (9)

Testimonio: “Sacrifico perros y gatos para ganarme la vida”

Sí, sacrifico perros y gatos para ganarme la vida.

Soy empleado del Control Animal en un pequeño pueblo en el centro de Carolina del Norte, Estados Unidos. Tengo 35 años y he estado trabajando para el municipio en diferentes puestos desde la preparatoria.

No hay mucho trabajo aquí, y trabajar para el condado significa tener buen sueldo y prestaciones para una persona como yo que no cuenta con estudios superiores. Soy esa persona de la que todos ustedes escriben cosas horribles.

Yo soy quien mata a los perros y los gatos y los hace sufrir. Yo soy quien saca sus cuerpos sin vida oliendo a monóxido de carbono y los avienta dentro de las bolsas negras de plástico. Pero también soy aquél que odia su trabajo y odia lo que tiene que hacer.

Todos ustedes que me juzgan, no lo hagan. Dios me está juzgando y sé que me iré al infierno. No voy a mentir, es infame, cruel y me siento como un asesino serial. Pero no soy del todo culpable; si la ley obligara la esterilización de los animales, muchos de estos perros y gatos no estarían aquí para que yo los sacrifique. Soy el demonio, pero quiero que todos ustedes vean la otra cara del hombre de la cámara de gas.

Por lo general, el centro antirrábico realiza el sacrificio con cámara de gas los viernes por la mañana.

El viernes es el día que la mayoría ansía que llegue, pero para mí, este es el día que más odio y siempre quisiera que el tiempo se detuviera el jueves en la noche. Los jueves, muy entrada la noche, cuando no hay nadie, mi amigo y yo vamos a un restaurante de comida rápida y nos gastamos 50 dólares en hamburguesas, papas fritas y pollo. Tengo prohibido alimentar a los perros los jueves porque me dicen que se hace un chiquero en la cámara de gas, y sería un desperdicio de comida.

Así que, los jueves por la noche, con las luces aún apagadas, voy al cuarto más triste que jamás nadie pudiera imaginar, y dejo que todos los perros y gatos, condenados a morir, salgan de sus jaulas.

Mi amigo y yo abrimos la envoltura de cada hamburguesa y sandwich de pollo y alimentamos a estos perros hambrientos y flacos. Se tragan la comida tan rápido, que no creo siquiera sepan a lo que sabe. Mueven sus colas y algunos ni comen, se echan boca arriba para que les acaricie su pancita. Comienzan a correr, brincar y me besan a mí y a mi amigo. Van a comer un poco más de comida y regresan a donde estamos. Todos nos miran con tanta confianza y esperanza, y sus colas se menean tan rápido, que termino con moretones en mis piernas. Se devoran la comida; después, es tiempo de devorar un poco de paz y amor. Mi amigo y yo nos sentamos en el piso de concreto, sucio y manchado por los orines, dejamos que nos brinquen encima, se paran de manitas para jugar y también juegan entre ellos. Algunos se lamen unos a otros, pero la mayoría permanece pegada a mí y a mi amigo.

Miro a los ojos de cada perro. A cada uno le doy un nombre.

No morirán sin tener un nombre.

Le doy a cada perro 5 minutos de amor y cariño incondicional. Les hablo y les digo que lamento mucho que mañana agonizarán por largo tiempo, que morirán de una forma espantosa y tortuosa en mis manos dentro de la cámara de gas.
Algunos mueven sus cabecitas para tratar de entenderme.

Les digo que estarán en un mejor lugar, y les ruego que no me odien. Les digo que sé que me iré al infierno, pero estarán jugando con todos los perros y gatos en el cielo.

Después de cerca de 30 minutos, tomo cada uno de los perros y los meto en sus jaulas de concreto llenas de heces; los acaricio y rasco su barbilla. Algunos me dan la pata, y yo sólo quiero morir. Cierro la jaula de cada perro y les pido que me perdonen.

Dormirán con su pancita llena y con una falsa sensación de seguridad.

Son cerca de las 5 de la mañana ahora, faltan dos horas para tener que asfixiar a mis amigos en la cámara de gas. Voy a casa, me baño, tomo mis 4 píldoras contra la ansiedad y manejo de regreso hacia mi trabajo. No como, no puedo comer. Ha llegado el momento de meter estos animales en la cámara de gas. Me pongo mis tapones para los oídos, y cuando voy por los perros y los gatos, están tan emocionados de verme, que saltan sobre mí para besarme al pensar que jugarán conmigo. Los pongo
en la jaula móvil y los llevo a la cámara de gas. Ellos lo saben. Pueden oler la muerte, el miedo. Empiezan a gemir en cuanto los meto en la cámara de gas.

El jefe me pide que meta el mayor número posible de ellos para ahorrar el gas. Me observa. Sabe que lo odio, sabe que odio mi trabajo. Hago lo que me pide. Él mira cómo todos los perros y los gatos (amontonados todos) se pelean y gritan. El sonido se amortigua porque tengo puestos los tapones. Él se marcha, prendo el gas y me salgo lo más rápido que puedo.

Camino hacia el baño, tomo un alfiler y me pincho hasta sangrar ¿Por qué? Porque el dolor y la sangre despejan mi mente de lo que acabo de hacer.

En 40 minutos debo regresar y retirar los animales muertos. Rezo porque ninguno haya sobrevivido, lo cual sucede cuando meto demasiados animales en la cámara de gas. Los levanto con mis guantes y el olor del monóxido de carbono me enferma al igual que los vómitos, la sangre y los movimientos involuntarios de los cuerpos.
Los saco y los meto en bolsas de plástico.

Me digo a mí mismo: “Ellos están en el cielo ahora”. Después limpio toda la suciedad, que USTEDES PERSONAS, han propiciado al no esterilizar a sus animales. La suciedad, que USTEDES PERSONAS, han propiciado al no exigir que un veterinario venga y haga esto de una forma humanitaria.

USTEDES SON LOS CONTRIBUYENTES, ¡EXIJAN que esta práctica SE ACABE!

Así que no me llamen “el monstruo”, “el demonio” o el “verdugo”, llamen demonio a su GOBIERNO, a las personas responsables del mismo, a los responsables de que esto suceda. ¡Carajo! llamen al gobernador y ¡EXIJANLE QUE ACABE CON ESTO!

Como siempre, esta noche tomaré mis pastillas para dormir para poder ahogar los gritos que escuché en el pasado antes de descubrir los tapones para los oídos. Brincaré y me estremeceré en mis sueños creyendo que estoy alucinando.

Esta es mi vida, no me juzgues, créeme, ya me he juzgado lo suficiente.

Créditos:
*Un agradecimiento especial a la organización norteamericana Helen Woodward Animal Center, quien nos proporcionó este testimonio, y a Pilar Mora, Voluntaria activa de Gente por la Defensa Animal, a.c., quien realizó la traducción del mismo.

Comentarios (35)

Carola: Doberman

Carola es una perra Doberman de unos 9 años de edad. Corría despavorida cerca del Periférico en la ciudad de México.

Por su aspecto suponemos que vivió amarrada muchos años: tenía llagas en el cuello, había perdido el pelo de más de la mitad de su cuerpo y carecía de tono muscular (seguramente jamás se ejrecitaba debido al encierro).

Carola es un animal que esperó mucho tiempo para dar todo el cariño que había acumulado en sus años de soledad. Fue adoptada en San José California por una familia con dos niños de 6 y 3 años que son la razón de vivir de nuestra querida Carola.

Comentarios

Cuca: Rottweiler

Cuca fue rescatada cerca de la Universidad Nacional en la ciudad de México. Vagaba por ahí en busca de algo qué comer. Seguramente fue abandonada varias semanas antes pues estaba anémica, su pelaje era opaco y los cojinetes de sus patas sangraban de tanto caminar.

En Gente por la Defensa Animal la rehabilitamos de cuerpo y espíritu y ahora vive en la ciudad de Guadalajara con Alessandro y Vanessa quienes decidieron darle una segunda oportunidad.

A pesar de su aspecto, Cuca es amigable y adora jugar con cuanto animal (de dos y cuatro patas) encuentra en sus paseos por el parque.

Comentarios (6)