De monos y hombres…

Organizaciones protectoras de animales y centros de investigación se enfrentan en tribunal alemán para que se decida a favor o en contra de permitir los experimentos científicos con macacos.

¿Qué vida tiene más valor? ¿La de un ser humano o la de un mono? Esa es la pregunta que debió responder este viernes (28.05.10) el Tribunal Administrativo de Bremen: mientras las autoridades sanitarias de esa ciudad sostienen que los experimentos con macacos constituyen un maltrato de animales intolerable, un científico defiende esa práctica y alega querer seguir haciendo uso de su libertad de investigación.

“Si no entendemos cómo funciona el cerebro, nunca descubriremos terapias que curen enfermedades neurológicas graves”, dice el Dr. Andreas Kreiter, neurobiólogo de la Universidad de Bremen, en el norte de Alemania. El profesor del Instituto para Investigación Cerebral justifica así los experimentos que lleva a cabo con macacos desde 1998. Según la universidad que lo emplea, el trabajo de Kreiter es imprescindible para poder curar en el futuro enfermedades como el mal de Alzheimer o la epilepsia. Pero el modo de llevar a cabo sus experimentos es criticado severamente por las organizaciones protectoras de animales.

Maltrato de animales en pos de la ciencia

Andreas Kreiter estudia las funciones cerebrales de los macacos inmovilizando a los animales durante varias horas para que contemplen una pantalla en la cual aparece un símbolo distinto cada segundo. Si el mono presiona la tecla correcta en el momento correcto en relación con el símbolo observado, se lo premia con un sorbo de jugo. La actividad cerebral del mono es medida a través de electrodos finos, como capilares, introducidos en su cráneo a través de un agujero. Luego se mata a los monos, para poder examinar sus cerebros.

Las organizaciones protectoras de animales consideran este modus operandi un maltrato al animal injustificable. Lo mismo opinan las autoridades de salud de Bremen, que en 2008 se negaron a prorrogarle el permiso a la universidad para seguir llevando a cabo estos experimentos. El profesor y su empleador apelaron sin éxito contra esta resolución, por lo cual terminaron entablando una demanda en contra de las autoridades sanitarias.

Dilema ético

Tanto la protección de los animales como la libertad de investigación están salvaguardadas por la Ley Fundamental para la República Federal de Alemania, lo cual dificulta un veredicto rápido y hace que el litigio lleve ya varios años, sin una solución fácil a la vista.

En conversación con Deutsche Welle, Peter Lohmann, vocero de la Oficina de Salud de Bremen, aseguró que su institución “estudió muy detalladamente el caso y no llegó fácilmente a la conclusión de negar la prórroga a la universidad”. Lohmann señaló que “los experimentos de Kreiter ya no son éticamente sostenibles”, añadiendo que “luego de muchos años de investigación básica sin obtener un éxito acorde, se decidió poner un alto a las prácticas” del neurobiólogo.

Sin embargo, el profesor Kreiter no es un luchador solitario; el científico cuenta con el fuerte apoyo de la Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG), la Fundación Alemana de Investigación, que patrocina su trabajo con 1,44 millones de euros. “Las investigaciones del profesor Kreiter son de altísimo valor para la investigación cerebral y no se pueden realizar sin experimentar con animales”, opina Matthias Kleiner, presidente de la DFG.

Veredicto a medias

Al parecer, el conflicto jurídico durará aún mucho tiempo. Y es que, este 28 de mayo, el Tribunal Administrativo de Bremen no pronunció un veredicto contundente, sino que hizo una “doble declaración”, como la definiera Peter Lohmann. Si bien los jueces consideraron ilegal el hecho de que las autoridades de salud le hayan negado la prórroga a Kreiter, éstos también permiten que la Oficina de Salud de Bremen apele en contra de esa decisión.

Lohmann y sus colegas deben ahora esperar por la fundamentación escrita del veredicto del tribunal para decidir qué pasos seguir más adelante. El vocero de la Oficina de Salud sabe que el proceso durará probablemente varios años y no se explaya al hablar sobre sus posibilidades de éxito en el mismo, sino que se limita a comentar irónicamente: “delante del juez y en alta mar, se está en manos de Dios”.

Posiciones encontradas

El neurobiólogo Kreiter piensa seguir luchando por su derecho a investigar y no se deja intimidar ni siquiera por amenazas contra su persona o su familia, atribuibles a los defensores de los derechos animales; incluso, durante un tiempo necesitó protección policial. Aún así, no quiere cambiar de universidad; más bien añora que se llegue finalmente a un veredicto. El científico espera que así se aclare “si aún se desea que se haga investigación biomédica en este país o no”. De ser necesario, está dispuesto a defender su postura ante el Tribunal Constitucional Federal.

Peter Lohmann, por su parte, observa “un cambio en la sociedad respecto a la protección de los animales” que, según él, es atribuible a la “creciente conciencia y respeto por el medioambiente”. A los jueces les toca ahora la difícil tarea de establecer un equilibrio justo entre el respeto por la vida de los animales y el desarrollo de la ciencia.

Autora: Valeria Risi
Fuente: DW-WORLD

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