Los que van a morir por culpa de British Petroleum

Daños colaterales
Irene Selser

Nada me duele más que asistir al sufrimiento de los animales, más que nunca amenazados en su supervivencia por el maldito afán de lucro de los grandes consorcios mundiales. Esto no supone coincidir con los arrebatos verbales y las posturas de un Hugo Chávez —tan parecido en tantas cosas al ex socio de la CIA, hoy preso en París, el general panameño Manuel Noriega—, cuando en abril, en Cochabamba, durante la primera Conferencia mundial de los pueblos sobre el cambio climático y los derechos de la Tierra, el venezolano —a quien sobran, al menos en Nicaragua, las acusaciones por lavado de dinero y corrupción a través de su ALBA— llamó “a derrocar el capitalismo como único responsable de la debacle climática”.

Al respecto, en entrevista con la cadena BBC, el científico Francesco Zaratti replicó que la opción de “socialismo o barbarie” de Chávez es un desatino, ya que, dijo, la ex comunista Europa del Este contaminó más que Occidente, lo que muestra que el calentamiento global no es un asunto político, sino económico.

Lo que sí rescata Zaratti de las conclusiones de Cochabamba es crear un tribunal de justicia climática y ambiental, adscrito a la ONU, con capacidad de procesar y sancionar a los Estados, trasnacionales o entes personales y jurídicos que incumplan los acuerdos o prosigan con sus prácticas contaminantes. Sin duda, el centenario consorcio British Petroleum sería un gran candidato para estrenar el banquillo.

Por lo pronto, el Departamento de Vida Salvaje y Pesca de Luisiana da cuenta que de las 656 especies amenazadas por la marea negra (445 peces, 134 especies de aves, 45 mamíferos y 32 anfibios y reptiles), tres son especialmente frágiles: la tortuga caguama, el manatí de América del Norte y el pelícano castaño, ya incluidos de por sí en la lista de especies en vías de extinción.

Según detalla desde Luisiana la corresponsal Catherine Vincent, la tortuga caguama busca las playas arenosas para desovar. Ya sea por el crudo o por las actividades humanas para contener la fuga, ella podría no alcanzar tierra firme. Y de hacerlo, sus crías deberán atravesar el petróleo para alcanzar el mar. Algo sin duda imposible.

El manatí, uno de los mamíferos marinos más amenazados del planeta por su baja tasa de reproducción, se alimenta de las hierbas en aguas poco profundas y sale a la superficie para oxigenarse. Rápidamente podría asfixiarse al atravesar la capa de crudo antes de alcanzar el aire libre.

En cuanto al pelícano castaño, emblemático de Luisiana, a punto de la extinción en 1970 por los pesticidas y la caza, este pescador se alimenta de los peces que ahora están muriendo por la descomunal catástrofe.

Desde: Milenio Online

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1 Comentario

  • la verdad no estoy muy enterada de el problena pero los animales no tienen la culpa de morir ya que me gustan mucho los animales y no quisiera que morieran en gran cantidad

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