Aclaraciones|9 enero 2009 11:32

Respuesta a Carlos Sarabia por su artículo taurino en La Revista

Estimado Carlos,

El tiempo que te tomaste en escribir el artículo en La Revista, el que gente brillante como Juan José Arreola pasara de ser un entusiasta taurino a un eterno arrepentido, o que ciudades como Barcelona se hayan declarado formalmente antitaurinas, nos dan la certeza de que este inútil espectáculo va en picada y quedará en el gusto de unos cuantos: los más viejos, los más retrógradas o los que necesiten en un mundo tan violento, divertirse con más violencia.
Gente por la Defensa Animal (GEPDA)

El artículo publicado:

Fiesta que vivirá mientras el toro bravo exista

L a t a u r o m a q u i a

Carlos A. Sarabia Barrera
carlossarabia46@hotmail.com

A Marcia Lara y todos aquellos de profesión diversa que trabajan específicamente para erradicar las corridas de toros…

“¡En las praderas de abril aurirrisueñas/ Pace el toro de lidia, el pendenciero!/ Que sobre el azabache de su cuero/ lleva dos torres finas, berroqueñas…” “…tá cubierto de amapola y aceituna y le ha puéto campanero el máyoral. / Ló lucéro de la noche le besan la frente, la etrélla de lo ciélo le báña de plata…/ y el torío que bravío de cásta valiente, abanico de cólore parecen sus pátas…/ese toro… enamorao de la luuunaaaa. / ája, toro…”.

Desde hace algún tiempo, infinidad de personas y organizaciones “defensoras de los animales”, utilizan medios informativos internacionales, nacionales y hasta locales, para promover estéril campaña de desaparición de las corridas porque, según ellos, “son sólo pretextos para la barbarie”. Adoleciendo la mayoría de total desconocimiento del tema, afirman que los partidarios de la tauromaquia poseen conductas arcaicas y bárbaras “disfrazadas” de cultura y tradición, a los que mueve el inhumano fin de convertir al majestuoso, imponente y noble toro de lidia, en albóndiga sangrante.

Lamento decirlo, pero la mayor parte de esos impulsadores son villamelones. Dudan que el toreo sea un arte que ha inspirado a poetas, novelistas, ensayistas, escultores, historiadores, pintores, fotógrafos y músicos. No comprenden que pasodobles como la Macarena, Granada, España Cañí, Silverio Pérez y tantos más, jamás hubiesen surgido si no fuera por la emoción de la fiesta. ¿Quién no ha visto pinturas de Goya, Picasso, Diego Rivera o Dalí con escenas hermosas y trágicas del toreo; o esculturas majestuosas de Botero o Peraza? Innumerables poetas y escritores dedicaron líneas a la bella fiesta. Incluso los árabes fueron aficionados: el moro Mahomed Ben Almed Alcatib, describió festejos taurómacos de La Tabla, llanura de Granada donde había un coso llamado Bibarrambia, en las cercanías de la famosa Alhambra. El insigne poeta, polígrafo y político Francisco de Quevedo (1580–1645), en su “Epístola Censoria al Conde–Duque de Olivares”, refiriéndose al uso de la capa le dice: “…Jineta y cañas son contagio moro, restitúyanse justas y torneos, y hagan paces las capas con el toro…”. Lope de Vega (1562–1635), el más famoso poeta dramático español, llamado con todos los merecimientos el Fénix de los Ingenios, dice en La hermosura de Angélica: “…cual suelen madrigados toros entre Jarama y Tajo todo un día/ hacer batalla por la vaca amada, y ella pacer hierbas descuidada…”.

Si aun con todo esto siguieran negando que la tauromaquia es arte, vayan estas palabras de don Ramón del Valle–Inclán: “el teatro recuperaría su grandeza si alcanzara el aliento trágico de la fiesta de los toros”. O estas de don Marcelino Menéndez y Pelayo: “…la tauromaquia es una terrible y colosal pantomima de feroz y trágica belleza, en la que se dan reunidos y perfeccionados los elementos estéticos de la equitación y la esgrima”. José Ortega y Gasset fue también convencido taurófilo.

Mi abuelo fue ganadero y bien conocía de toros y toreros. No tuvo ganadería de lidia pero supo enseñarme los secretos de la tauromaquia, llevándome desde pequeño a toda corrida en la Plaza Mérida. Ahí, sentados en primera fila de la barrera de sombra, pudo mi abuelo instruirme sobre chicuelinas, verónicas, gaoneras y pasos de pecho. Corrían los años 60 y parte de los 70 cuando grandes figuras del toreo mexicano y español visitaban nuestra ciudad para mostrar su arte. Porque, perdónenme los opositores de la Fiesta Brava, no se trata de martirio, vejación ni de humillación al toro; insisto que la tauromaquia es arte, el más grande y emocionante que he conocido. No es ninguna degeneración de sentimientos, es inspiración que sin duda bajó del cielo para que los toreros pudieran sacar a flote su gran sensibilidad.

Si los enemigos de las corridas de toros dejaran de verlas como simple espectáculo, “como sadismo aceptado por autoridades gubernamentales y religiosas temerosas de quitarle al pueblo su circo”, se darían cuenta que son mucho más serias, más grandes y más profundas. Definir un arte como la tauromaquia es imposible. Podemos definir las técnicas de las Bellas Artes, pero explicar por qué una genialidad como el toreo es arte, es algo complicado. El torero es un artista que saca de sí mismo su valentía y entrega. La belleza en sus faenas sólo puede mostrarla en un momento particular, de ahí que cada faena sea obra de arte única. Por otra parte, aun cuando todas las manifestaciones de arte son incruentas, no significa que el talento no pueda ser cruento. Lo es el toreo, porque además de arte es ritual de sacrificio y todo ritual de sacrificio es cruento. El toreo es el único sacrificio cruento que no se disfraza con nombres como pena de muerte, aborto o guerra.

Los escrupulosos que claman por la abolición del arte de Cúchares so pretexto de la violencia, o que va contra el desarrollo del ser humano o por el daño que sufren los míticos bichos; aseguran ingenuamente que sobrevivirían con sus astas de luna menguante si desaparecieran las corridas. No es verdad. El toro bravo es un biotipo que durante siglos fue artificialmente adaptado al fin trágico de la lidia. Jamás se aclimataría a ser animal de carne. Si desaparecieran las corridas, sencillamente se extinguiría. Pensar que su supervivencia en un zoológico o en un parque sería preferible a su vida libre y semisalvaje, por breve que ésta sea, es insensato. Afortunadamente, las corridas de toros NO van de salida. “Escuchan pasos en la azotea” quienes así piensan. Nacional y localmente tendremos corridas para rato.

Lo que sí me pregunto es si esas voces que de tiempo en tiempo levantan alharaca pidiendo erradicar las corridas, escandalizadas por la existencia de tan “bárbara” gala; son igual de sensibles a las necesidades de su prójimo, si se rasgan con la misma fruición las vestiduras para defender la institución familiar o la vida del no nacido, si vigilan con el mismo comedimiento la suciedad de calles, playas, mares o la contaminación del medio ambiente.

La tauromaquia no es pasatiempo creado para delicia de señoritos ociosos, sino ritual popular y ancestral, a veces terrible, a veces sublime; donde el matador expone, muchas veces por nada, algo más que su honra personal. El torero sufre siempre infinitamente más que el toro, porque sabe que en cualquier momento, con gloria o sin ella, puede morir ante la acometida del bicho. Los toros bravos sufren también pero no se quejan, sino que se crecen al castigo y, sin saber que han vivido, mueren solícitos para irse al paraíso de los Uros, sus ancestros.

Mi abuelo decía que los festejos taurinos son tradición que nos enseñan a amar y a entender desde pequeños. Tenía razón. Esto no pueden comprenderlo los que cobijados en su autoengaño y negación, se ponen el disfraz de “gente avanzada y culta”. Aunque quisieran, las tradiciones no pueden prohibirse por ley, porque forman parte de nuestra cultura e identidad como hispanoamericanos. La tauromaquia es fiesta que vivirá mientras el toro bravo exista. Los que buscan su desaparición quizá debieran aprender a cultivar el valor de la tolerancia, que les enseñará a respetar y valorar las cosas y los gustos de las demás personas. No es posible juzgar con tan exagerada ligereza y fanatismo una actividad milenaria de la que dependen numerosas personas y gracias a la que sobrevive un animal singular. Ay, si esta usanza acabara, hermosas y trascendentales metáforas taurinas desaparecerían de nuestro lenguaje. Ante esto, los pretextos taurofóbicos son imposibles de justificar. Siéntense amigos, porque se van a cansar, sé que nada es perpetuo ni imposible pero, contra lo que digan, pasará mucho tiempo para que la “fiesta de los toros” pase a ser “velorio de toreros”.

“¡Para dibujar un torero hay que tener mucho salero!/ ¡Qué valiente criatura del arte más peligroso!/ El traje de seda y oro y el toro, color de toro, / negro el cuerpo, blanco el cuerno. / Negro el toro y azul, él. / ¡Torero abre la capa, contra viento y marea seguirás en el redondel!”. ¡Olé!- Desde los tendidos de la Plaza Avilés de Motul.- C.A.S.B- Motul, Yucatán, 14 de diciembre de 2008

Edición 1000, 26/Diciembre/2008

La Revista Peninsular


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carlossarabia46@hotmail.com

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7 Comentarios

  • Ya se ha visto que todos los espectaculos violentos hacen daño a las formas de actuar de los humanos ese en particular lo menos que tiene es fiesta porque es muerte y dolor ademas el verlo y disfrutarllo es tanto como aplaudir la violencia que tenemos en neustro pais y en el mundo ya que contra lo que va es el respeto a la vida y sobre todo aplaude la tortura debe de dejar de existir asi como la guerra el fraticidio y tantas cosas mas porque matar y torturar debiles es muy facil como pegar a los niños a las mujeres o llevar altas armas contra piedras el que lastima a los animales tambien lastimara a lo humanos mas debiles que ellos

  • Qué sarta de tonterías ha escrito este hombre en su artículo. Lo que dice equivale a afirmar que debemos perpetuar las guerras para poder tener obras tan maravillosas como el “Guernica” de Picasso. Siguiendo la misma línea, las guerras son un negocio y sin duda alguna mucha gente vive de ello. ¿Es esa otra razón para que sigan existiendo? ¿Cómo puede decir este hombre que debemos aprender a respetar y valorar los gustos de otras personas cuando ellos no respetan el valor de la vida de un animal que ellos mismos dicen admirar por su nobleza y bla bla bla bla? Menuda tirada de sin sentidos.

  • de solo leerlo me ha revuelto el estomago…

    es cierto que el toro de lidia desapareceria si es que se terminaran las corridas de toro pero a mi me parece un precio justo.

    valiente un torero teniendo un arma en sus manos? mofandose de un animal. valiente seria si estuviera en una batalla cuerpo a cuerpo.

  • Que vergüenza Señor Presidente!!! Me apena el comentario que acaba de hacer nuestro Presidente en el programa de “La Jugada” entrevistado por Javier Alarcón donde dice que es un aficionado a las corridas de Toros y después comenta que los niños de México necesitan un programa deportivo más extenso. El sacrificio animal estará incluido en el nuevo programa? también encontré a este “seudo comunicador” http://www.portaldigital.com.mx/2009/01/20/repique-inocente-vallas-antitaurinas/ que se queja de las vallas. Dios Perdonalos!!!

  • La única forma de acabar con estos cruentos espectáculos de barbarie es crear una película que llegue a la audiencia mundial.

  • Es una verguenza Sr. Sarabia que gente como usted siga pensando que los Toros no merecen nuestro respeto y amor. Ya basta con las corridas de toros, con la brutalidad y crueldad.

  • ps yo pienso que deberian de poner que es la aclimataria no cren ?

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