Entrevista a Fernando Vallejo, escritor colombiano
Fernando Vallejo es un escritor tremendo. En el más amplio sentido de la palabra: digno de respeto, digno de ser temido, travieso y grande al mismo tiempo. Sus libros son ejemplos de una literatura sin fronteras entre la autobiografía y la ficción. Su última novela, La puta de Babilonia (Alfaguara), una crítica feroz a la Iglesia Católica, se nutre de una frondosa investigación histórica. Hay que decirlo: este escritor colombiano, nacionalizado mexicano, dueño de una pluma feroz y un dulce sentido del humor, es un hombre muy culto.
Desde hace muchos años libra una batalla ininterrumpida en defensa de los animales. Y lo que este vegetariano sostiene, en abono de su postura, está lleno de cosas sensatas. Al hablar sobre su literatura con LA NACION, el escritor dijo: “Sólo hago la crónica de un desastre, desde las calles y los países que conozco. Pero a la humanidad le espera un infierno. Un infierno de planeta, desértico y sin agua, y atestado de gente. Esa paradoja es desesperante”.
-Desde la perspectiva del lenguaje, ¿tiene algún escritor argentino preferido?
-Manucho Mujica Láinez me parece extraordinario por el manejo del idioma. Su prosa es la de mayor riqueza lexicográfica y sintáctica, después de Azorin y unos pocos más que han escrito un gran prosa en español. En Colombia, ese espacio lo ocupa German Arciniegas.
-¿Qué pasa con tantos escritores colombianos -usted, García Márquez y Mutis, por ejemplo- que viven fuera de su país?
-Sólo puedo contestar por mí. Yo he vivido mas de la mitad de mi vida en México, donde escribí todos mis libros. Mi razón es que soy uno de los cuatro millones que Colombia echó fuera y que nos hemos buscado una vida digna.
-¿Su prosa tan dura contra Colombia tiene que ver con el amor a su tierra?
-Ya no sé qué pensar. El término “amor” para un territorio lleno de todo tipo de gente es demasiado. Colombia es un país con gente muy buena y gente muy mala. Y hay una población ciega, necia y patriotera que piensa que la patria es una bandera, un himno y un equipo de fútbol; que se reproduce como animales, pero no respeta a los animales. Toda esa chusma a mí me produce compasión.
-Su voz narrativa es agresiva y dice cosas muy fuertes. Eso contrasta con la persona amigable que usted es, de hablar suave y sin palabrotas.
-Mis libros están llenos de palabras de amor. Por ejemplo, para mi abuela, que era de una gran bondad, o para mi perra Bruja, que me acompañó 14 años de mi vida. La puta de Babilonia (Alfaguara) está lleno de sentido del humor. Yo escribo como pienso que puedo tener un efecto más definitivo. Como vivo en un mundo hipócrita, de lo políticamente correcto, adopto la postura de hablar siempre con las palabras más precisas, con claridad, para evitar confusiones y para que no queden dudas sobre lo que sostengo.
-Su último libro es una feroz crítica contra la Iglesia y las religiones monoteístas. ¿Cómo hubiera sido el mundo sin ellas?
-Podemos formular miles de hipótesis. Pero me pregunto qué hubiera pasado con el crecimiento demográfico si la Iglesia tuviera otra postura. Mi crítica a la Iglesia y a las religiones monoteístas no es personal. Se vincula con mi defensa de los animales. No se pueden seguir degollando pollos, cerdos y vacas para alimentar a la humanidad, mientras la voz moral de la sociedad, que son las religiones monoteístas, no dicen nada al respecto. Soy un defensor de la vida. Pero no la que está por venir, sino la que está ahora en la Tierra.
-¿Quiénes son, a su juicio, los más desventurados de la Tierra?
-Más que las personas más pobres , los más desventurados son los millones de animales que hay en el mundo. Ha sido un proceso muy largo para que se me cayera la venda de los ojos y entendiera el dolor de los animales. Y que aprendiera que los animales son mis prójimos. Empecé a descubrirlo poco a poco, después de superar mi juventud desesperada. Allí comencé a experimentar la compasión por ellos.
-Juan Villoro le llama a usted “el cronista de la devastación”. ¿Se siente así?
-Pues de ser así, más bien tendría que ser un profeta de la devastación, porque eso es lo que viene. Sólo hago la crónica de un desastre; desde las calles y los países que conozco. Pero a la humanidad le espera un infierno. Un infierno de planeta, desértico y sin agua, y atestado de gente. Esa paradoja es desesperante. Ahí se entenderá en toda su magnitud la frase de Sartre sobre que “el infierno son los demás”.
-¿Qué condición noble de los animales le falta al ser humano?
-La inmensa mayoría de los animales son buenos. La mayoría de los seres humanos no son ni buenos ni malos; tratan de vivir como pueden, egoístamente o asociándose de acuerdo con sus intereses. Como excepción hay seres buenos. La mayoría de los animales son leales. No conocen la traición ni la mentira. El ser humano es una especie mentirosa: miente con palabras, con sermones, con discursos, con las matemáticas, con editoriales de periódicos; se hace el santo siendo un aprovechado. Todo eso no se ve en los animales, que son inocentes.
-¿Qué le devuelven sus lectores?
-No sé quiénes son. Sospecho que hay una mayoría de jóvenes. Me agradan, porque no se guían por conceptos simplistas como patria o partidos políticos. Tienen el alma más abierta y pueden entender.
Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION














Estoy totalmente de acuerdo con Fernando Vallejo, la gente siempre se queja de que a los animalistas nos importan más los animales que las personas, los que hacen estos comentarios no les importan ni los unos ni los otros, pero lo que está claro es que si una persona esta mal la llevan al médiso y sin embargo a una animal se le maltrata hasta la saciedad los mal llamados “humanos” y la mayoría de dos patas lo ven normal pues no señores ellos estaban primero y los estan martirizando bastante cada segundo que pasa en el planeta, su sufrimiento a mi me parte el alma, y otra cosa el “humano” mata por placer y el animal por comer la diferencia está bastante clara ellos son los inocentes y el “humano” su verdugo, es repugnante vivir en un mundo así espero que algún día cambie pero el camino que llevamos es negro el humano esta condenado por tantos siglos de matanzas de tantos inocentes
Estoy totalmente de acuerdo con Fernando. También lo dijo Albert Schweitzer: “El animal es superior al hombre porque no tiene pecado, no conoce el lenguaje de la mentira ni la hipocresía de los humanos. El animal actúa por instinto y el instinto jamás puede ser malo, de ahí que todos los animales sean buenos por naturaleza. Hemos de lograr que el amor a los animales desplace el horror a los animales. Qué verguenza el que haya hombres a quienes horroriza la obra de Dios”.
También otro escritor de los grandes, Charles Bulowski, dijo: “Vivir en este mundo es un infierno ( el infierno son los demás: Sartre) porque es vivir entre gente hipócrita y cochina”.
Fernando Vallejo no es ni hipócrita ni cochino y su condición de amante de la naturaleza y los animales hace que sea uno de los pocos grandes e importantes hombres de la historia, como Schweitzer, como Gandhi, etc.
Es lógico que en un país de idiotas, de ignorantes y de cafres como Colombia, se le odie y se le desconozca.
Bien por Fernando!
Definitivamente es un profeta, me identifico en todo con el.
Ojala algun dia lo pueda llegar aconcer en persona.
Por cierto sigo en espera de la llamada de Maricarmen.
Saludos a todos.
Alejandro Alonso
La sanguinaria, indolente y depresadora raza humana tiene mucho que aprender de los animales. Si no existiéramos el planeta sería una maravilla, no habrían tantas enfermedades, hambrunas, guerras, matanzas, contaminación, y por cierto, tanto político rapaz.
Justo contra eso está Vallejo, contra la hipocrecía. No entiendo como ustedes vetan ciertas palabras que “pueden herir sensibilidades” y de otra parte alaban a Vallejo que de forma transparente, clara y sin formalismos expresa lo que piensa en cada una de sus novelas.
amigos q bien exista paginas pra el cuidado del animal gracias
leer todo lo que dice Fernando Vallejos me emociona hasta las làgrimas y me hace sentir que mientras hayan personas como èl aùn hay esperanzas
Dedico lo que me queda de vida y espero que sea mucha aun siendo miserable porque me doy cuenta de la mier… que es, en este mundo egoísta e insensible a la defensa de los mas débiles los animales y me identifico con las palabras de este gran hombre de inigualable valor de ese valor que deberíamos tener todos para levantar nuestra voz en contra de tanto dolor y miseria de los que no tienen voz. Todos esos seres llenos de vida, esa vida que de igual forma es arrebatada por la ambición de unos cuantos malditos millonarios que irónicamente han llenado sus bolsillos acosta de dolor y muerte tanto de hombres como animales, soy colombiana pero me avergüenza y me indigna que unos cuantos hombres sean capaces de sacrificar millones de su misma especie como se llaman entre si solo para acumular un montón de papeles 21 000 000 millones de dólares generados a costa de la degradación de su misma especie, pero esto es una reflexión si nos matamos entre si, que puedo esperar de los millones de colombianos, a los cuales podría describir en una sola palabra “sin entrañas” es obvio para los animales nunca habrá nada mas que indiferencia maltrato y explotación, por eso aboco a mis fuerzas porque de dios me desengañe hace mucho, para poder seguir siendo la loca del barrio la que recoge y calma el hambre, la sed y el dolor de esos hermanos gatos y perros abandonados que aun siendo animales sienten el desamor, el abandono y el olvido de esos muchos que se hacen mal llamar un país, una nación, una sociedad que se encargan de matar a sus propios hijos.