
El santuario está dividido en praderas de varios kilómetros cuadrados cada una y al centro hay un mirador que es el único contacto que los visitantes tienen con los animales. Como dice a la entrada “Este es un santuario para los animales, no un zoológico para los humanos”.
Debajo del mirador está la zona de cuarentena; se trata de una sección con jaulas en donde los recién llegados pasan un tiempo de observación o bien para que Patrick Craig, director y fundador del lugar, determine qué ejemplares pueden crear grupos con otros individuos de su especie. Una vez que tiene una manada lista, los reubica en una de las praderas.

Actualmente está acondicionando dos nuevos espacios: la pradera para pumas y leopardos que estará lista en un par de meses y una nueva para el siguiente grupo de siete tigres que será liberado.
Es impresionante y sobre todo conmovedor constatar que, aún cuando estos animales que siguen en espera de un espacio mayor no tienen una gran extension de tierra para vivir, su estado anímico es absolutamente diferente al de todos los animales en cautiverio que hemos visto. Es aquí donde la devoción de Pat por ellos queda de manifiesto: basta con que el llegue para escuchar un concierto de ronroneos, y maullidos provenientes de los grandes gatos que viven en esta sección.


Al final del mirador están los habitat de los siete leones que viven en el santuario.
Kobú, ¡estabas tan cerca!
Mientras nos acercábamos Pat nos puso al tanto de lo que ha ocurrido en la vida de Kobú a un año de su rescate. Como les informamos en su momento, Kobú fue liberado en el gran habitat de los leones tres meses después de su rescate en la ciudad de México.

Con el tiempo Kobú empezó a ubicarse en uno de los extremos de la pradera y dos de sus amigos (machos jóvenes) decidieron seguirlo. Fue así como Kobú formó su propia manada lejos de Masai, el rey que por cierto, estaba algo inquieto con la presencia de ‘nuestro’ querido león.

Patrick y su equipo decidieron entoces dividir la pradera en dos (que aún así es enorme) y permitir que ambos grupos hagan su vida con sus propias reglas. Las que parecen no entender esto son las hembras de Masai, que han escarbado un túnel para ir a visitar a Kobú cuando el macho de su familia no se da cuenta.
En fin, llegamos al extremo del mirador y solamente escuchamos poderosos rugidos de Masai pero Kobú estaba seguramente en una de las cuevas subterráneas diseñadas para refugiarse de las inclemencias del clima.









me gusto mucho lo que asen por ayudar a los animales y me gustaria ser boluntaria como le ago