Kobú: Historia de un rescate
Kobú vivió sus primeros meses en la casa de un particular en Cuernavaca. Era un elemento decorativo más del jardín. Cuando empezó a crecer, sus dueños se dieron cuenta de que era imposible conservarlo, y como sucede frecuentemente con los animales silvestres que son vendidos como mascotas, fue confinado en una jaula el resto de sus días dentro del terreno de una escuela primaria.
Gente por la Defensa Animal recibió una denuncia ciudadana en donde nos notificaban de la presencia de un león africano (panthera leo) en un importante colegio católico cerca del Lago de Guadalupe, en el estado de México. Acudimos al lugar y comprobamos que vivía en un espacio sin más cosa que rejas, cemento y un tronco como único elemento de enriquecimiento ambiental.
Propusimos a dicho colegio encontrar un sitio adecuado para Kobú. Así inició un proceso de dos años para reubicar a este magnífico león en un lugar que pudiera darle condiciones de vida dignas. La primera opción que contemplamos fue uno de estos zoológicos enormes que hay en Puebla o Morelos. Empezamos a contactar gente en México y la recomendación fue siempre la misma: “mejor sacrifíquenlo; los leones se reproducen fácilmente y hay muchos en cautiverio en México. A nadie le va a interesar”.
Por supuesto jamás consideramos esto, así que empezamos la búsqueda en Estados Unidos. Contactamos a varios santuarios y todos al saber que Kobú vivía en la ciudad de México, aceptaron de inmediato. “Sabemos que en esa ciudad –y en general en todo el país- el bienestar animal es un tema que a pocos importa. Hay al menos 40 mil leones viviendo en pésimas condiciones y las autoridades no muestran interés”.
Finalmente, fue el Wild Animal Sanctuary (antes Rocky Mountain Wildlife Conservation Center) a través de su director y fundador Patrick Craig quienes lo recibirían.
Kobú no tenía papeles, no sabemos con certeza si fue comprado o no de manera legal. Los trámites fueron engorrosos, sobre todo porque las autoridades no se preocupan por el bienestar de los animales durante su traslado.
Tuvimos que cancelar el vuelo varias veces dado que el tiempo que Kobú tendría que pasar en su contenedor desde que saliera de la escuela hasta que abordara el avión, sería de 24 horas. Después, tendría que soportar 4 horas de vuelo a Los Ángeles, pasar por las inspecciones correspondientes y viajar 14 horas más a Colorado. Era demasiado tiempo y estrés.
Por fin, encontramos la forma de que las autoridades en Estado Unidos agilizaran el proceso. En México fue imposible: Kobú tuvo que esperar 14 horas en el aeropuerto antes de abordar el avión, los burócratas a cargo de las inspecciones terminan de trabajar a las 3 de la tarde.
Patrick, director del Wildlife Sanctuary llegó a la ciudad de México el Jueves por la tarde. Compramos algunas provisiones para que Kobú pudiera comer durante el vuelo y repasamos el plan a seguir la mañana del Viernes.
Nuestro trabajo dio comienzo muy temprano, en la madrugada del Viernes 23 de Junio. Nos levantamos a las 4 de la mañana para ultimar detalles y trasladarnos al colegio.
Los rugidos se oían a lo lejos, nuestro león debía presentir que algo estaba pasando. Cuando llegamos a su jaula, el veterinario de Kobú, Eduardo Veyán ya lo había reubicado en un cuarto pequeño, sin desniveles u objetos, en donde no correría riesgos al empezar el efecto de la anestesia.
Kobú estaba nervioso. -Según nos explicó Pat, los leones son maravillosos fisonomistas, logran identificar caras nuevas de inmediato. Además, detectan a los machos (incluidos humanos) y como son territoriales, se sienten amenazados por su presencia.- Daba vueltas agitado.
Kobú después de ser sedado..
Nos asomamos por un orificio especial, fue impresionante tenerlo tan cerca, caminando sólo a unos centímetros de nosotros. Sería anestesiado mediante dos dardos tranquilizantes, de esta forma, la anestesia no sería tan brusca. A las 7:50 de la mañana, recibió la primera dosis. La segunda se aplicó unos 20 minutos después. Pasaron 40 minutos antes de que surtieran efecto.
Cuando por fin entramos en el cuarto, Kobú yacía dormido en el suelo. Su respiración era pausada pero enérgica. Es increíble la fuerza que proyectaba incluso ahí, tirado inconsciente. El corazón se nos salía, las piernas nos temblaban. Es enorme.

Kobú después de ser sedado..
Taparon sus ojos y oídos pues la anestesia los vuelve hipersensibles. Sus veterinarios y Patrick procedieron de inmediato: limpieza bucal, vacunas, inyección de vitaminas…
Nosotras nos manteníamos a su lado, acariciando su melena, tocando sus patas y su pecho.

Mary Carmen tiene la oportunidad de tocar a Kobú..
Fueron dos años de arduo trabajo para la coordinación de fauna silvestre. Hoy esos esfuerzos se ven recompensados. Las emociones nos rebasaban, Kobú pesa 200 kilos, es un animal poderoso, y sin embargo, estaba ahí a nuestra merced, vulnerable.

Karla se despide de este hermoso animal…
Ahí, junto a nuestro querido león, nos dolieron todos los animales que en ese mismo instante, sufrían por la crueldad del ser humano. Pero no tú Kobú… ya no.
Karla ayuda a cargar el suero de Kobú mientras es transportado a su jaula..
Después todo sucedió de prisa, acomodarlo sobre la camilla que improvisamos, cargarlo para sacarlo de la pequeña habitación y de ahí, meterlo en la caja diseñada especialmente para el viaje.
(Los perros callejeros que viven ahí estaban alarmados, querían acercarse, parecían preocupados por él aún cuando hay rumores de que formaban parte de su dieta).
Una vez dentro del contendedor, los veterinarios le inyectaron un antagonista que lo despertaría poco a poco para que al llegar al aeropuerto estuviera casi en sus cinco sentidos. Las normas internacionales dictan que por seguridad viajen concientes.
Tanto los medios como transeúntes y hasta los perros callejeros estuvieron al pendiente del translado del león…
El tráiler que resguardaba a Kobú estaba en medio del Periférico en medio de una interminable mancha de autos. Estábamos 30 minutos retrasados y debíamos llegar al aeropuerto a tiempo pues nuestras autoridades se van a las tres de la tarde pase lo que pase. Íbamos en caravana siguiendo al tráiler cuando de pronto el chofer empezó a acelerar (imagino la cara de Patrick que iba sentado en la cabina). ¿Será que ni presenciando de cerca el rescate, el chofer entendió que se trataba de una criatura sensible y no un cargamento de verduras?
Hicimos una parada, Eduardo su veterinario subió de inmediato en el transporte, Kobú se reponía de la anestesia y golpeaba las paredes del contenedor al tratar de incorporarse. Nos aseguró que todo estaba bien y continuamos el viaje. En algún punto del periférico, el chofer tomó la lateral, aceleró a 120 km/hr y lo perdimos.
Afortunadamente Patrick iba con él. Nosotros (veterinarios, medios de comunicación y voluntarios de Gente por la Defensa Animal) debíamos encontrar la forma de llegar a tiempo al aeropuerto.
Afortunadamente encontramos una ruta mejor y los alcanzamos casi al llegar a las instalaciones de la empresa que contratamos para el traslado. Más revisiones, papeleos y de ahí nuevamente a la calle para alcanzar los hangares de carga que están muy cerca. El tráiler entró al estacionamiento y nosotras lo vimos alejarse.
Fueron dos años pensando en él y aunque felices, no pudimos evitar sentir nostalgia. Para Pat, las cosas apenas empezaron: tuvo que acompañar a Kobú en las revisiones, acreditarse y lidiar con la burocracia mexicana y con una empresa medianamente competente y poco sensibilizada con los animales (como muestra la actitud del chofer). Hablamos con Pat varias veces durante esa tarde, Kobú estaba tranquilo, comió y bebió un poco de agua. A las 4:30 de la madrugada estaban casi listos para abordar.
La llegada a Los Ángeles transcurrió sin mayores problemas. A la 1:30 de la tarde del Sábado 23, Kobú ingresaba en el tráiler del santuario para continuar con su largo camino hacia la libertad. Llegó al santuario el Domingo al amanecer. Le espera aún un tiempo antes de ser liberado. Deberá permanecer apartado del resto de los leones, en un lugar en donde logre escuchar sus rugidos y ellos puedan escucharlo. Después, cuando el grupo de leones lo acepte (hay un complejo código de comunicación entre ellos con lo que Pat sabrá cuando esto suceda), será trasladado a otra jaula cercana en donde podrán verse. El siguiente paso es la libertad. No sabemos cuánto tiempo tome esto, pueden ser semanas o meses. Esperamos estar ahí ese día, cuando nuestro querido Kobú vea el inmenso paisaje sin una reja de por medio.
Conóce más sobre Kobú en el Wildlife Sanctuary has click aquí.(inglés)
Para la historia paso a paso de su viaje de México a Colorado accesa aquí. (inglés)














Mi más sincera felicitación por tan noble y loable labor para rescatar y llevar a buen destino a Kobú. Siempre he sido un gran admirador de los animales y creo que todos ellos deben de tener una vida muy feliz en su hábitat o en su defecto en un lugar con todas las atenciones necesarias y lugares adecuados.
Soy Poblano y en verdad pense que en Puebla lo recibirían ya que el zoológico que tenemos es muy grande y hace una gran labor pero es desafortunado que no haya sido así, a fin de cuentas cada integrante de este planeta merece respeto, mas aun cuando son seres que la vida ha llevado por un camino al cual nunca debieron llegar.
¡Muchas felicidades una vez mas! Saludos.
Es la primera vez que visito este blog, via vecindad grafica, y me gusta mucho. Me emocionó saber que existan personas como ustedes que se preocupan por el bienestar de los animales y nos dan el ejemplo para que todos lo hagamos.
Felicidades!!!!
Hola, gracias por sus comentarios y sobre todo por su sensibilidad y empatía hacia los animales.
Para nosotros es muy motivante saber que ‘afuera’ existen cada vez más personas que se preocupan -y ocupan- por ellos.
Gente por la Defensa Animal, a.c.
Hola!!
Los felicito por la labor que llevan a cabo en beneficio
de los animales.
Si cada uno de nosotros cuidara y respetara a cada
animal que tenemos cerca, ni siquiera sería necesario
hacer lo que ustedes hacen.
Muchas gracias por ser quienes son
MUY BONITO EL LEON
LOS FELICITO POR SU LABOR QUE LLEVAN PARA EL BENEFICIO PARA LOS ANIMALES
De verdad me sacaron lagrimas al leer esto y les pido su ayuda para que esta historia se repita en el Df hay un club que se llama “ARAMIS” se ubica en PLUTARCO ELIAS CALLES # 1264 ENTRE ERMITA Y EJE 7A en la delegación benito juárez en este lugar tienen un león en una jaula de 3×3 es indignante que crean que estos bellos animales son mascotas y peor que los tengan en esos espacios donde no pueden ni correr.
Le ruego a Dios por que se pueda hacer algo para ayudar a este pequeño.
Andrea R. Cabáñez
01 55-5532 7401
Como me da coraje saber que existentes personas tan ignorantes y Nacas, (y me estoy viendo muy decente con la definición de tales personalidades) que traten así a los animales y los dejen vivir en tales condiciones, realmente la inteligencia no se les da mucho a estos tipos.
Felicidades por su trabajo, realmente me da gusto saber que existen personas como ustedes.
Me gustaría que se pusieran en contacto conmigo, tengo intenciones de donar y ayudar.
Saludos.
Estimado Martín te agradecemos tu interés.
Por favor escribe a membresias@gepda.org y déjanos un número para que podamos contactarte.
Saludos
Hola, te felicito sor ser tan valiente y por defender a los animales en general, ojalá y todas las personas del mundo tuvieran en su corazón una visión diferente de lo que representan los animales en nuestras vidas y lograran respetarlos por lo que son.
Änimo y sigue así que siempre habrá gente qu ete apoye.